Testimonio: Ya puedo mirar atrás


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Paula nos envía el relato de su parto no respetado para compartirlo y nos dice estas bellas palabras:

Gracias… no lo habría ni intentado recordar si no fuera por el documental que estás haciendo, escribir esto y darme cuenta que ya puedo mirar atrás…

* Hemos añadido énfasis (negritas) a las partes más relevantes referidas a las faltas de respeto.

* Si estás embarazada, querida lectora, te sugerimos que leas preferentemente los relatos de PARTOS RESPETADOS.

Así es como Paula recuerda su parto:

Hace 8 años. No respetaron absolutamente nada. Creo que rompieron la bolsa en una revisión a las 37 semanas. Dos días después nació mi hijo por cesárea. Sabían que no estaba colocado pero – aún te falta mucho- me dijo la ginecóloga mientras hacía de lo suyo (creo que quiso evitar que mi hijo naciera durante sus vacaciones, una clínica privada).

Llegué al hospital con dilatación de casi 4 centímetros después de haber roto aguas en casa (la revisión que mencioné fue brusca) me recibieron y me obligaron a entrar en silla de ruedas, yo quería caminar hasta el paritorio pero me lo negaron. En una camilla en un rincón con mucho calor la matrona tomó el control –ya verás que en un par de horitas tienes a tu bebé- me dijo.

Le comenté –soy primeriza no puede ir tan rápido- pero ella ya me había puesto una vía y se apresuró a decir –con esta ayudita sí- me enfadé y le dije que no quería el goteo pero insistió y ya estaba puesto.

Las contracciones se aceleraron, tuve frío, escalofríos, temblaba, la dilatación iba bien me decía la matrona y pedí la epidural quería que pararan los temblores y tenía sueño, mucho sueño, ya no tenía ningún control sobre lo que estaba pasando, el niño seguía sin darse la vuelta, ella me había prometido que lo giraría en cuanto dilatara…

Llegó la epidural pero creo que a causa de los temblores fue sólo efectiva parcialmente, medio cuerpo dejó de sufrir por las fortísimas contracciones y el otro medio las seguía sintiendo, me dormí incluso unos minutos, noté que cerraba los ojos… mientras la matrona charlaba, sacó cosas de un bolso que noté encima de la camilla y desperté y le pedí que lo quitara…

El papá entraba y salía de allí con el papeleo que le solicitaban las enfermeras y las llamadas a la familia que le dije que no hiciera todavía…

De nuevo contracciones muy fuertes y la anestesista que me miraba con profunda resignación y lástima vuelve con un poco más de epidural.

Entonces un pitido nos alertó a todos, sufrimiento fetal, avisan a la ginecóloga que aún no había aparecido en las tres o cuatro horas que llevaba allí porque pasaba consultas en el piso de abajo. La dilatación es de 9 centímetros y me piden que empuje; yo no siento nada pero hago lo posible, fórceps, prisa y carreras, empujan al papá fuera del paritorio a toda prisa (le veo la cabecita fue lo último que me dijo) y arrastran a quirófano a toda velocidad la camilla en la que me encontraba, sólo recuerdo mucho frío, las luces, el un, dos, tres, ahora… me pasaron de una camilla a otra y me durmieron en un sueño profundo del que pensé que no iba a despertar jamás…

Escuché hablar a una enfermera, no podía hablar, me ahogaba… Tenía miedo de saber qué pasaba, dónde estaba, si había bebé… Tuve que esperar unos minutos, nadie se dirigía a mí, nadie… Reaccioné y pregunté por el bebé, estaba bien, nació por cesárea y pronto le vería…

Era casi de noche cuando me llevaron a una habitación para mi sola, efectivamente estaba sola porque mi hijo aún no estaba allí. Tardaron en traerlo mucho, mucho tiempo.

El papá ya estaba conmigo, y la abuela paterna y más personal del hospital, pasó un pediatra que había visto al niño a decirme que estaba bien y me lo trajeron, no recuerdo si antes o después de que pasara el pediatra… He olvidado muchas cosas de aquel día en estos años, cuando llegué a tener a mi hijo a mi lado estaba vestido y con guantes (calcetines) moradito de frío… Yo no podía moverme ni hablar bien… Lo cogió la abuela.

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Después vinieron días difíciles, ictericia, incubadora, lámpara, intento de lactancia materna, traslado del bebé a neonatos de otro hospital esta vez público, una noche separados, me dan el alta, otro intento de lactancia materna, dos noches más separados, por fin en casa… y lactancia materna a demanda por dos años y 8 meses, orgullosa de conseguirlo después de un parto no respetado que acabó en cesárea y una separación forzosa de mi bebé en sus primeras horas y días de vida.

La lactancia materna a demanda fue clave para cicatrizar heridas en el alma y en el cuerpo, nos devolvió la felicidad.

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