Nacimiento de Gaspar


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Cheli Blasco, doula, miembro de El Parto es Nuestro y de La Liga de la Leche, comparte con nosotros los relatos de parto de sus cuatro hijos. Aclara que cada uno fue escrito, en momentos diferentes, para públicos diferentes. Esto es lo que nos dice (podéis acceder a cada relato a través de los enlaces):

El de Lucas no es tanto un relato sino las respuestas a un cuestionario sobre violencia obstétrica.
El de Gaspar lo escribió para la web de hipno-nacimiento.
El de Luna lo escribió al día siguiente de parir para sus compañeras de El Parto es Nuestro.
Y el de Índigo fue un correo cortito a las mujeres de la cueva, apoyocesáreas.

 

NACIMIENTO DE GASPAR

El 30 de junio, 2010, nació Gaspar a las 9,15 de la mañana, en la sala naranja de Gaia, con las persianas bajas ahuyentando el calor, a la luz de velitas.

Mis viejos estaban en Madrid, a la espera del gran evento. Mi papá se tuvo q ir justo el 29 por la tarde, con los dedos cruzados de que las contracciones que venía sintiendo desde el 28 a la tarde fueran “las de verdad”. Pobre yioyio, se fue sin verle la carita a su tercer nieto.

Mi hermana Juli y mi mamá sí que seguían por Madrid. El martes desde el mediodía me vieja empezó a tomarme el tiempo de las contracciones. Pero entre que yo no le avisaba de todas, y en el fondo ella tampoco llega a ver siempre bien las agujitas diminutas de su reloj, no era una cuenta muy exacta. Igual, era más para su ansiedad de abuela que para mí. Yo sabía que estábamos en ello, pero que faltaba tiempo. Así que me dediqué a jugar con Lucas, charlar con mi mamá, y putear al pobre Wynn que se recorría Madrid para entregar, en el último minuto admisible, el borrador de Rentas.

Hacia la tardecita llegó Wynn a casa. Bañamos a Lucas, cenamos, mi vieja y Juli se fueron para su casa, a esperar ansiosas al lado del teléfono, presumo. Una vez que acostamos al gordo, las olas empezaron a requerir más atención. Todavía estaba el bolso a medio hacer. Lo terminamos. Yo, estresada. Así que nos pusimos a hacer “algunos colores”, con la música del Arco Iris, con Wynn que me guiaba. Me ayudó un montón. Entré en ese estado hipnótico tan placentero, donde podía transitar cada ola, con la voz de Wynn, sobre la pelota, meciéndome, sintiéndome bien, tranquila, ilusionada con lo que estaba pasando.

Después de un rato decidimos que mejor íbamos a tratar de dormir. Un poco dormimos. Pero de repente las olas eran más fuertes. Me tenía que levantar rápido de la cama, hacia la pelota, Wynn tenía q empezar a guiarme rápido rápido… mejor dejar de dormir y quedarme en la pelota. Hmm… mejor ir llamando a Gaia, que son las 2 y pico de la mañana, esto va en serio, si esperamos a las 7, con la huelga de transporte, encima Lucas está durmiendo, mejor así. Wynn llama a Gaia y a Julianita y mamá, que vienen como bomberos, excitadas, como si esperaran ver a Gaspar ni bien entrar por la puerta.

OK, nos vamos. ¿Entro en el cuarto de Cas para darle un beso antes de irnos? ¿O mejor no? Porque si se despierta, peor… Wynn dice que entre, que me va a poner contenta. Le doy un besito suave, me llena de emoción verlo dormido, tan tierno, tan que lo quiero, mi chiquito, no puedo creer que estamos por ir a tener otro chiquitito, le quiero dar más y más besos.

La calle está vacía, qué linda sensación, que estamos solos, privado, callado, oscuro. En el auto me tensiono un poco con las olas. No importa, ponemos la música y Wynn me vuelve a la bruma verde, después naranja… Bien, vuelvo a mi lugar de tranquilidad.

Saliendo del garage hacia La Milagrosa somos la ridiculez en persona: Wynn lleva el bolso que en verdad son 3 y la pelota de dilatación, sobre la que me siento a cada rato cuando viene una ola.

Nos espera Diego, nuestra maravilla de matrón. Parece que estoy de 3 cms, cuello borrado, olas poco intensas. Aunque creo que en verdad me dijo: estas olas son una mierda, así no vas a parir nunca, no sé ni para qué viniste, vos con tu pelotita… Ahora que lo pienso, quizás dijo, puede que tengamos para rato, nada, descansen, en un rato vuelvo.

Dormitamos. Voy al baño cada dos minutos, siento una presión re feurte sobre el inhodoro cada vez, no muy placentera que digamos. Me sigue molestando que se burlaran de mis contracciones. (Nota al pie, el divino de Diego jamás se burló. En mi locura digo que sí, nada más).

Wynn me vuelve a los colores, tranquilos, seguimos con la nuestra.

A eso de las 6 de la mattina llega Gaia. Mientras yo estaba en el baño, Wynn parece que le había dicho que estaba un poco desalentada, que me diera ánimos. Bombón! Me chequea y estoy de 8 cms. Tomá! Chupate esta mandarina! Ja! Cabrones!!!! Soy una ídola.

Ahora me dan ganas de ir a darme un bañito. Gaia me prepara todo y me sumerjo. ¡Qué linda sensación! Floto, me muevo plácida, con mi redondez, floto cómoda, Wynn me guía con el naranja.

Después de un rato (y esto se vuelve un poco escatológico) siento que tengo que cagar. No sé porqué no llego al inhodoro, pero veo una pelela, que me parece mucho mejor idea. Creo que en esta elegantísima pose entra Gaia. Que lo que siento es la presión de la cabecita. A esta altura ya se vuelve un poco loca la cuestión: las olas ya son de un dolor fuerte, y las ganas de cagar pero no cago, empiezo a vomitar bilis, y por alguna razón me niego a levantarme del piso. Prefiero estar en el piso del baño, sobre una toalla. Como un perro rabioso, en cuatro sobre la toalla, que termina cagada, meada, ensangrentada. Diego dice, suavemente, Cheli, cuando puedas, me gustaría cambiarte la toalla. Wynn osa hablar de la bruma naranja. Que se meta la bruma en el orto. Le agarro la panza, fuerte, cuando empieza a acercarse la contracción, aprieto, grito. Esto por un rato. Diego sugiere que si quiero me pueden romper la bolsa, para acelerar un poco, si quiero. No quiero. Me duele como la mierda, vomito, grito, pero dejame la bolsa, loco. Al que me habla, callo con un “shhh”. Muy amable y educada la parturienta. Las contracciones me sacuden, me estrujan por dentro. Yo me tiro encima de Wynn, lo aprieto, me agarro como si fuera mi salvavidas, que lo es.

No doy más. La concha de la lora, no puedo más. Es que ya estás, ya estás, dice Diego.

Gaia sugiere que si no estaría más cómoda en la cama. ¿Más cómoda que sobre toallas cagadas y meadas en el piso? Doblada sobre mí misma me ayudan a caminar hacia la cama. Me subo en cuatro patas y de repente, plaf! Se rompe la bolsa. ¡Qué sensación de liberación! Me emociona.

¡Quiero pujar! ¡Ya! Gaia, que la espere. ¿Gaia, qué hacés? Te voy a asistir el parto. Ah, ¿ya? Ah, bueno, ok, dale.

Quiero seguir en cuatro patas pero no me está funcionando. Se me van las ganas de pujar. Pero parece que Gaspar ya empezó a asomar la cabecita. OK, de espaldas, me tienen que ayudar. A Gaia no le gusta que esté la cabeza a medio salir tanto tiempo, vamos Cheli, puja. Uy, bueno. Trato. Re trato, no quiero que le pase nada al gordo. Tardo en pujar. Tengo las piernas una sobre Wynn, otra sobre Gaia. Diego me tiene que ayudar haciendo presión en la panza. ¡Diego, me estás matando! Me deja de joder. Pujo, pujo, pujo. Toca la cabecita, dice Gaia. No lo puedo creer, es tan blandita! OK, pujo más. Salió Gaspar. Cogelo, dice Gaia. No, no sé. ¡Que aquí está! Ah! (no sé que me esperaba). Ah, si!!!! entonces si!!!!! y lo agarro y es mi bebito. Menos resbalozo de lo q me imaginaba, lo abrazo, encima mío, wynn llora. Mi chiquitito, no lo puedo creer. Me lo quiero acercar más arriba pero parece q el cordón es corto, así q lo dejo a la altura de la panza y lo abrazo, abrazo.

Cuando deja de latir el cordón wynn lo corta. Veo que pobre, tiene la frente llena de sudor. La parió, el pobre.

Me llevé un mini desgarro que no necesitó ni puntos, gracias a la insistencia de Diego. Parece que fue difícil pasar la cabeza de Gasparchus porque “tienes aquí algo un poco duro”, si, la cicatriz de la episiotomía que me hizo el carnicero de Montepríncipe cuando nació lucas.

Ahora Gaspar ya está sobre mi pecho. O, mejor dicho, ya empezó a mamar. Estamos los tres. Al rato sale la placenta. Al rato nos quedamos los tres solos. Qué lindo, qué lindo, el amor.

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